El pasado sábado 12 de julio, el Parque Doctor Fleming volvió a convertirse en epicentro de la cultura tradicional con la celebración del XLII Festival Nacional de Folklore ‘Villa de Miguelturra’, organizado por la Asociación de Coros y Danzas ‘Nazarín’, con el respaldo del Ayuntamiento de Miguelturra.
Un evento cargado de emoción y simbolismo que reunió a tres agrupaciones folklóricas: el grupo anfitrión Nazarín, el grupo gallego ‘Os Ventos de Comesaña’ de Vigo y la Agrupación ‘Manuel de Falla’ de Manzanares. La cita contó con la presencia de la concejala de Cultura, Carmen María Mohíno, así como de miembros del Equipo de Gobierno.
Durante el acto, Carmen Gómez, vicepresidenta de Nazarín, dio la bienvenida al público y dedicó unas palabras muy emotivas a la presidenta del grupo, María Dolores Asensio, quien no pudo estar presente por motivos de salud: “Gracias, Lola, por tu entrega, por tu pasión y por ser siempre el alma de este grupo”, expresó emocionada.
Gómez también agradeció el apoyo institucional del Ayuntamiento y la colaboración de los grupos invitados: “Gracias por compartir con nosotros vuestra música, vuestros bailes y vuestra pasión por el folklore”. Durante el acto, el Ayuntamiento entregó varios recuerdos a las agrupaciones visitantes, y los grupos de Vigo y de Manzanares también ofrecieron diferentes obsequios a los anfitriones en señal de agradecimiento.
El grupo Nazarín abrió el festival con una sorprendente propuesta basada en el folklore extremeño, luciendo indumentaria típica de esa región. Más adelante, volvieron al escenario para cerrar la noche con su repertorio más manchego, haciendo gala del legado tradicional que han conservado desde su fundación en 1982.


El grupo gallego ‘Os Ventos de Comesaña’ llenó el escenario de energía y emoción con el sonido de las gaitas y sus vistosos bailes, realizando dos actuaciones a lo largo de la noche que llamaron mucho la atención y que desataron los aplausos del público que llenó el Parque Doctor Fleming. Por su parte, la agrupación ‘Manuel de Falla’ inundó el parque de bailes manchegos con tonalidades de azul añil, despertando la nostalgia y el entusiasmo entre el público.
Más de dos horas y media de espectáculo en las que la música, el color y la tradición unieron a tres pueblos bajo el mismo lenguaje, el del folklore.