El Jueves Santo en Miguelturra dejó una de esas estampas que, sin hacer ruido, se quedan. Nazareno y Gran Dolor completaron una tarde marcada por la devoción, la elegancia y una puntualidad casi milimétrica, en una jornada que comenzó con el sol abriéndose paso sobre la Plazoleta de la Virgen.
Poco después de las siete de la tarde, las puertas de la Ermita de Nuestra Señora de la Estrella se abrían, dejando salir primero a los más pequeños y, tras ellos, a un cortejo que fue tomando cuerpo poco a poco. Los rayos de sol se posaban sobre el rostro de Jesús Nazareno mientras sonaban los primeros acordes del himno, en uno de esos momentos que anuncian que ya es Jueves Santo en Miguelturra.
El paso avanzó con la sobriedad y firmeza que imprime Antonio Arenas junto a su equipo, siempre de frente, acompañado por la Agrupación Musical Santísimo Cristo de la Piedad, que volvió a demostrar el nivel al que tiene acostumbrado al público. El tradicional saludo en la Ermita de la Soledad marcó uno de los puntos clave del recorrido antes de llegar al Cristo.
Antes de las ocho y media, se abrían también las puertas de la Ermita del Santísimo Cristo de la Misericordia, dando paso a la Cofradía de María Santísima del Gran Dolor. Destacó el notable crecimiento de su cortejo, fruto del trabajo de su hermano mayor, Jaime Naranjo, y su junta directiva, consolidando una presencia cada vez más significativa en la tarde del Jueves Santo. A ello se sumó el buen hacer de la Agrupación Musical Nuestro Padre Jesús Nazareno de Parla, fiel a su cita con Miguelturra, aportando sonido y carácter a una procesión que volvió a mirar de frente a la tradición.

En esta ocasión, de nuevo se vivió la unión de las imágenes de Nuestro Padre Jesús en su Flagelación, ‘El Atao’, junto a María Santísima del Gran Dolor, repitiendo la imagen del pasado año, con ambos titulares en un mismo paso. Así, tras bajar uno a uno los escalones de la Torre Gorda, ambas hermandades caminaron juntas por el corazón del municipio, desde la calle Cristo hasta la Plaza de la Constitución, antes de adentrarse en las calles peatonales y encarar su regreso hacia sus sedes canónicas.
Todo ello en una jornada donde la puntualidad volvió a imponerse incluso por encima de lo previsto, reflejo de una Semana Santa muy ajustada en horarios, con escaso margen y bajo la presión constante del reloj, como si el tiempo apremiara más de la cuenta en las calles.
Aun así, el público no falló y acompañó en los momentos más señalados, sosteniendo con su presencia una tarde que, sin estridencias, cerró un gran Jueves Santo en Miguelturra.
