Miguelturra recibe mayo cantando a sus cruces y reivindicando sus raíces

“Mayo, mayo, mayo, bienvenido seas…”. Con esta copla, tan reconocible como esperada, Miguelturra volvió a sumergirse en una de sus noches más especiales. La ronda de mayos de Nazarín volvió a llenar de tradición, folklore y ambiente festivo las calles, en una cita que cada año suma más voces.

La última noche de abril volvió a convertirse en un recorrido cargado de simbolismo. Las cruces instaladas por hermandades, asociaciones y vecinos fueron el hilo conductor de una tradición que sigue muy viva, y que encuentra en Nazarín a su gran embajador. Porque si algo quedó claro es que no hay barreras para sumarse: cualquiera puede cantar, cualquiera puede formar parte.

María Dolores Asensio, una de las voces que mejor conoce esta historia, recordaba cómo todo comenzó hace más de tres décadas. De cantar a las mozas jóvenes en sus casas, a recorrer hoy todo el pueblo, pasando también por la patrona, la Virgen de la Estrella, y por el Cristo, incluso cuando la ermita ya estaba cerrada. “Es la cruz florida que tenemos aquí en Miguelturra”, explicaba, dejando ver el profundo arraigo de esta costumbre.

Y es que aquí, a diferencia de otros lugares, los mayos no esperan a la noche del 2 de mayo. En Miguelturra se cantan cuando abril se despide, como marca la propia letra: “Ya estamos a 30 de abril cumplido”Dos tradiciones que se fusionaron con el tiempo y que hoy siguen latiendo con fuerza.

El párroco Jaime Quiralte aportaba también la mirada más espiritual de esta celebración. Y es que las cruces, adornadas con flores, no sólo representan el sufrimiento, sino la vida, la esperanza y la resurrección. Y el canto, decía el sacerdote, logra lo que a veces no alcanzan las palabras: conectar al pueblo desde la alegría compartida.

La ronda arrancó en la Plaza de la Constitución y fue avanzando, paso a paso, canción a canción. Centro de Día, Casa Hermandad del Nazareno, Barrio de la Salud… cada parada era un pequeño encuentro, un momento de convivencia donde no faltaron los tradicionales aperitivos para reponer fuerzas. Uno de los instantes más esperados llegó en la Ermita de la Virgen de la Estrella. Los mayos resonaron en su interior, creando una atmósfera única antes de bajar a la cueva a cantar a la cruz.

El recorrido continuó por la Soledad, con las cruces de las hermandades del Santo Sepulcro en el interior de la ermita y de la Virgen de la Soledad en el exterior. Posteriormente, de nuevo sonaron los mayos a los pies del patrón, el Santísimo Cristo de la Misericordia, tras pasar por la plazoleta de su barrio a cantarle a la cruz que ha llevado a cabo la Hermandad. Tras ello, la amplia comitiva llegaba a la Casa Hermandad del Cristo de la Piedad para continuar con otro lugar que ya se ha convertido en habitual, La Galguería de Rita, el obrador de pastelería de Rita Gómez que desde su apertura se sumó con entusiasmo a esta tradición.

Y así, ya bien entrada la madrugada, la ronda llegó a su final a las puertas del Ayuntamiento, con una imagen que lo resume todo: una gran foto de familia, sonrisas, voces cansadas… y el orgullo de mantener viva una tradición que es, sin duda, una de las señas de identidad de Miguelturra.

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