Y como si de una estrella fugaz se tratara, así llegó un nuevo 14 de septiembre. Casi como si fuera un sueño, pero con la satisfacción de poder dejar de soñar y comenzar a recordar lo vivido. Y es que en Miguelturra, entre el día grande de la villa en el que la Virgen de la Estrella recorre sus calles y el día de su Octava, un Cristo humilde y nazareno atraviesa el dintel de la ermita de la patrona para llenar de fe y devoción un pueblo.
El calor hizo acto de presencia en esta procesión de la Exaltación de la Cruz, en un septiembre más cálido de lo habitual, en el que Nuestro Padre Jesús Nazareno supo celebrar estas Ferias y Fiestas y hacerlo de una manera solemne y elegante. Por cientos se contaban los fieles y devotos que antes de las 21:30h llenaban ya la Plaza de la Virgen aguardando una de las salidas procesionales más destacadas de la época estival en la comarca, que cada año reúne a más visitantes llegados de otras localidades cercanas.
Y como banda sonora, como viene ocurriendo cada 14 de septiembre desde el año 2006, la Agrupación Musical Santo Tomás de Villanueva de Ciudad Real que, sobrepasando el centenar de componentes en sus filas, llegó con fuerza a la Plaza de la Virgen en una noche siempre especial para la formación de la capital, que comienza en Miguelturra su curso cofrade, y que lo fue un poquito más si cabe en esta ocasión.
A las órdenes de Antonio Arenas y su equipo de capataces, cuando las últimas filas de cirios pisaban ya la calle, la cuadrilla del Señor de la Plazuela levantaba a pulso en el interior de la iglesia. Con paso corto y a los sones de ‘La Muerte no es el Final’ traspasaba el dintel de la puerta el Nazareno, justo cuando comenzaba a sonar el Himno Nacional. También se hacía evidente una de las novedades introducidas en los últimos años en el cortejo. La división entre el tramo de fieles y el de hermanos de la cofradía ha aportado mayor empaque, seriedad y lucimiento a una procesión que gana presencia año tras año.
Tras ello, llegó uno de los momentos más esperados de la noche. Y es que por primera vez tras Nuestro Padre Jesús Nazareno sonó la nueva marcha que la agrupación ciudadrealeña le ha dedicado, estrenada la pasada Cuaresma e interpretada tras todos los pasos que la banda acompañó en Semana Santa. ‘Por ti, Nazareno’, de José Manuel Mena Hervás. Una ofrenda en forma de partituras con la que la agrupación agradece el nombramiento como Hermana Honoraria, concedido después de dos décadas tras el Señor y con motivo del 325 aniversario de la fundación de la cofradía. Y con esta obra, otra de las novedades de la noche: la incorporación de la cuerda de liras que viene a engrandecer musicalmente aún más si cabe la calidad musical de Santo Tomás de Villanueva.
Avanzaba con carácter el Nazareno para abandonar su ermita, justo cuando sonaban las notas de la primera de las composiciones que la agrupación le dedicó: ‘Nazareno, Rey de la Plazuela’, escrita por el miguelturreño José Javier Ruiz Céspedes, casi a las puertas de la que fue y siempre será su casa. Seguían sonando las marchas y, en la esquina de la calle Pablo Ruiz Picasso con la calle Rodeo, otro de los estrenos de la noche: ‘Al Encuentro del Señor’, una marcha dedicada a Nuestro Padre Jesús de las Tres Caídas de San Fernando (Cádiz), hasta donde Santo Tomás de Villanueva viajará, curiosamente, el próximo Jueves Santo.
No dejaba de sonar la música chicotá tras chicotá cuando Jesús Nazareno atravesaba la Plaza de España para llegar a uno de los momentos más destacados de cada 14 de septiembre, donde los del costal y la faja se hacen de verdad costaleros. Arriaba el paso en la Plaza de la Constitución, orilla de la fuente, cuando sonaba el martillo y comenzaba un camino cada vez más largo. Sonaba ‘Aurora de Resurrección’, en el mismo sitio que hace 20 años. Tras unos compases a tambor, la banda interpretaba de nuevo ‘Por ti, Nazareno’, en una revirá eterna en la esquina de la Casa Parroquial. De esta forma, siempre andando pero sin prisa, como el que sabe que se le escapa de las manos el tiempo, avanzaba la cuadrilla del Señor y comenzaba a sonar ‘Al Compás de la Laguna’ en los últimos compases de una chicotá con aroma a Madrugá.
Así ponía rumbo de nuevo Jesús Nazareno a su barrio, no antes de dejarnos otro momento destacado cuando el Señor rozaba ya los adoquines de su plazuela. Los acordes de ‘Lacrimosa’ mecieron el lento caminar de la cuadrilla de costaleros del Señor. Una obra de Mozart, un réquiem, que evoca al Juicio Final. Al dolor y a la esperanza.
Tras alcanzar de nuevo la puerta del templo de la Virgen de la Estrella y mirar una última vez a su pueblo, Nuestro Padre Jesús Nazareno regresaba a su capilla. Allí permanecerá hasta que vuelva la primavera. Hasta que llegue un nuevo Jueves Santo y el Señor de la Plazuela vuelva a pisar las calles de Miguelturra para reencontrarse con sus fieles y, una vez más, llenar de fe los corazones de quienes cada año esperan su regreso.

