La noche se hizo más densa, más íntima, casi susurrada, cuando Nuestro Padre Jesús de Medinaceli volvió a recorrer las calles de Miguelturra, cerrando el telón del Miércoles Santo y abriendo, con paso firme y sereno, la madrugada del Jueves Santo.
No era la primera vez en este año. Y es que la imagen ya había caminado entre los suyos semanas atrás, durante la Cuaresma, con motivo del Vía Crucis de la Asociación de Hermandades de Semana Santa. Así, la conocida como Procesión del Silencio, volvió a congregar a decenas de vecinos, fieles y devotos, que acompañaron el rezo del vía crucis en una estampa de recogimiento compartido.
Llegada la medianoche, el cortejo se adentró por las calles del centro, dibujando un itinerario de respeto y solemnidad. No hubo prisas, ni ruido. Tan sólo un tambor marcaba el son de una de las procesiones más especiales de la Semana Santa churriega, que volvió a desplegar toda su esencia: la de parar el tiempo por una par de horas.
Con este caminar sereno, Miguelturra alcanza prácticamente el ecuador de su Semana Santa en un año en el que, además, el cielo está siendo aliado. El buen tiempo está permitiendo que las procesiones luzcan en la calle, que la tradición se haga pública y que la emoción encuentre su escenario natural.
Y así, entre sombras, cirios y silencios, Nuestro Padre Jesús de Medinaceli volvió a dejar su huella en la madrugada churriega.
