Castilla-La Mancha tiene sus raíces en la tierra, en el trabajo de quienes la han cultivado durante generaciones y en la capacidad de nuestros pueblos para mirar al futuro y transformarse, conservando al mismo tiempo nuestra identidad. Y en esta historia hay unas protagonistas imprescindibles: las mujeres rurales.
Ellas han trabajado en el campo, cuidando de los animales, cultivando la tierra o recolectando sus frutos, al tiempo que asumían una parte desproporcionada de las responsabilidades del hogar y de los cuidados. Así han sostenido a familias enteras, han transmitido nuestras tradiciones y mantenido vivos nuestros pueblos, sin que este esfuerzo se haya traducido en reconocimiento, autonomía económica y capacidad para tomar decisiones.
A nuestras madres y abuelas les debemos mucho más de lo que en ocasiones somos capaces de expresar, e incluso de imaginar. Ellas abrieron camino cuando las oportunidades eran menores y las barreras mayores. Con su trabajo y su perseverancia hicieron posible que hoy, otras mujeres puedan elegir su futuro con mayor autonomía y que puedan ocupar los espacios que durante muchos años han sido del todo inaccesibles.
Pero la historia de las mujeres rurales no se escribe únicamente en pasado. Hoy asistimos a una transformación del mundo rural en femenino que merece ser reconocida y acompañada. Una nueva generación de mujeres está tomando el relevo, no para limitarse a continuar lo que hicieron sus antecesoras, sino para ampliar sus horizontes y abrir nuevas posibilidades en el medio rural.
Son mujeres que se sitúan al frente de explotaciones agrícolas y ganaderas, que asumen responsabilidades en cooperativas, que emprenden, crean empleo e incorporan innovación a negocios vinculados a los productos de nuestra tierra. Mujeres que convierten el conocimiento heredado en nuevas oportunidades, que encuentran en los recursos de sus municipios una posibilidad de crecimiento y que demuestran que vivir y desarrollar un proyecto profesional en nuestros pueblos es también una apuesta de futuro.
Lo vemos a la perfección en quienes dan un nuevo impulso a productos que forman parte de nuestra identidad como el ajo morado, la miel, el azafrán, el aceite o tantos otros tesoros de nuestra tierra; en quienes apuestan por el turismo sostenible, la cultura o las nuevas tecnologías; y en quienes, desde sus negocios y explotaciones, contribuyen a diversificar la economía y generar oportunidades. Cada una de ellas representa una forma de entender el medio rural como un espacio vivo, capaz de innovar sin renunciar a sus raíces.
Esta nueva realidad demuestra algo importante: en nuestro mundo rural no hay ruptura entre generaciones sino una historia compartida. Las mujeres de hoy son herederas del esfuerzo de las de ayer, pero también protagonistas de un cambio que debe permitirles llegar mucho más lejos. El legado de nuestras madres y abuelas es el motor de cambio de las generaciones del presente.
En este Día Internacional de las Mujeres Rurales quiero expresar mi reconocimiento a quienes sostuvieron nuestros pueblos cuando casi nadie miraba, y a quienes hoy los transforman con sus iniciativas, su trabajo y su liderazgo. Porque las mujeres rurales son origen, valor y futuro en Castilla-La Mancha y porque el porvenir de nuestros pueblos se construye contando con todas ellas, con la generación de ahora y de siempre.
Emiliano García-Page Sánchez
Presidente de Castilla-La Mancha