La Asociación Cultural Malastardes volvió a convertir este viernes las calles de Miguelturra en un escenario para viajar al pasado con la celebración de su XI Ruta Histórico-Patrimonial. Una actividad que permitió a los participantes detenerse ante edificios, rincones y elementos arquitectónicos que, en muchos casos, pasan inadvertidos en el día a día.
La ruta, dirigida por el presidente de Malastardes, José Ramón González, tuvo este año un carácter especial al celebrarse por primera vez en viernes y adelantarse dentro de la programación habitual de la asociación debido a la organización del calendario de las Ferias y Fiestas. Un cambio que no impidió que un gran número de vecinos se sumaran a esta propuesta cultural.
Y es que esta ruta constituye, en palabras de González, una de las actividades que mejor representa el espíritu con el que nació la propia Asociación Cultural Malastardes. Sus orígenes se encuentran precisamente en aquellas primeras salidas de un grupo de amigos vinculados a la Virgen de la Estrella que recorrían Miguelturra para conocer sus rincones y conversar sobre la historia que se escondía tras ellos.
Desde entonces, aquella iniciativa informal ha ido creciendo hasta convertirse en una de las citas más singulares del calendario cultural local. «Esta ruta es la esencia del origen de la propia asociación Malastardes«, explicaba González antes de comenzar el recorrido.

Aprender a mirar el patrimonio que queda
La propuesta de este año volvió a plantear una mirada diferente sobre el municipio. Una mirada que obliga a levantar la cabeza y observar detalles que la rutina cotidiana suele ocultar. «Muchas veces vamos todos los días en coche, todos los días corriendo, y no nos fijamos y no miramos para arriba», señalaba el presidente de Malastardes, reivindicando la necesidad de detenerse para identificar las «distintas huellas» y «cicatrices» que todavía permanecen en el paisaje urbano de Miguelturra.
El recorrido permitió realizar un viaje por diferentes etapas de la historia local, desde los siglos XVI, XVII y XVIII hasta la amplitud y las transformaciones experimentadas durante el siglo XIX, sin olvidar algunos elementos vinculados a la modernidad y a la arquitectura de comienzos del siglo XX.
El templo de la Virgen de la Estrella y el entorno de la Plaza de la Virgen fueron el punto de partida de un itinerario que continuó por la calle Carretas, donde los participantes pudieron conocer, entre otros elementos, la conocida Casa de la Capellanía. El recorrido prosiguió por las calles Cohombro y Astillejos hasta alcanzar el nuevo aparcamiento de la calle Botija, donde las recientes transformaciones urbanas han dejado al descubierto los «negativos» de las antiguas bodegas.
A lo largo de la ruta también hubo espacio para detenerse ante casas palaciegas y modernistas y para identificar aquellos lugares en los que únicamente quedan vestigios o huellas de grandes casonas que en otro tiempo formaron parte del paisaje urbano de la localidad. El recorrido concluyó en el parque, poniendo el punto final a una noche que conjugó historia, patrimonio y convivencia.

«¡Cuántas cosas había en Miguelturra!»
Una de las reflexiones que se repite cada año al finalizar estas rutas es precisamente la magnitud del patrimonio que llegó a tener Miguelturra y que, con el paso del tiempo, ha ido desapareciendo. «Cuando hacemos estas rutas, siempre acabamos con la misma idea: “¡Cuántas cosas había en Miguelturra!”. Y es verdad, había muchísimo«, apuntaba González.
El presidente de Malastardes lamentaba que buena parte de ese patrimonio no fuera suficientemente valorado en su momento y que las sucesivas transformaciones urbanísticas acabaran con numerosos elementos de la arquitectura tradicional. «Aquí ‘se le metió la pala’ a todo lo que se pilló«, afirmaba gráficamente, aludiendo a la desaparición de numerosas construcciones en aras de la modernización del municipio.
Pero, pese a las pérdidas, González considera que todavía quedan suficientes testimonios como para reconstruir parte de esa memoria y, sobre todo, para generar una mayor conciencia sobre la necesidad de conservarla. «Bástese que queden esos testigos para que podamos mirar hacia atrás y ver eso», señalaba.

Una futura exposición para completar el viaje
La actividad de este viernes tendrá además continuidad en los próximos meses. Malastardes trabaja en la preparación de una exposición fotográfica que, previsiblemente, verá la luz durante el otoño y que permitirá observar a través de imágenes el antes y el después de numerosos rincones de Miguelturra. La muestra servirá, según explicaba González, para completar el trabajo iniciado con esta ruta y contribuir a que los vecinos sean conscientes de la evolución experimentada por el municipio y de todo aquello que se ha perdido.
El objetivo último trasciende la mera divulgación histórica. La asociación pretende contribuir a generar una «conciencia ciudadana suficiente» que permita valorar y proteger los elementos patrimoniales que todavía permanecen en Miguelturra.
Porque, como resumía el presidente de Malastardes, aunque la conservación del patrimonio «no es lo más prioritario» y con frecuencia queda relegada a un segundo, tercer o cuarto plano, existe una responsabilidad colectiva: «Hay que ser responsables y que lo poquito que queda seamos capaces de transmitirlo a las nuevas generaciones«.
Con esa filosofía, Malastardes volvió a demostrar que conocer la historia de Miguelturra también puede comenzar por algo tan sencillo como detenerse, mirar hacia arriba y descubrir que, detrás de muchas fachadas y rincones cotidianos, todavía sobreviven las huellas de la localidad que fue.

