Miguelturra despide este viernes, 11 de septiembre, a Octavio Martín, una de las figuras más emblemáticas y queridas de la historia del Carnaval churriego. El histórico carnavalero, que hace apenas unos días había cumplido 96 años, deja tras de sí una vida inseparable de una fiesta que disfrutó durante toda su vida y a la que contribuyó a mantener viva, especialmente a través de la máscara callejera y de sus populares coplillas.
Hay un dato que resume a la perfección la relación de Octavio con el Carnaval: sólo faltó a una celebración en más de 80 años. Fue en 2017, tras el fallecimiento de su mujer, Sandalia. Aquel año decidió no salir a la calle por luto, por el dolor que llevaba en el alma y por respeto a quien había sido su compañera de vida y también de tantos carnavales, como le contaba meses más tarde el propio Octavio a la periodista Nieves Sánchez en una entrevista a La Tribuna.
Porque si la figura de Octavio quedó grabada en la memoria de Miguelturra, también lo hizo la imagen de Octavio y Sandalia disfrazados juntos, recorriendo las calles durante una fiesta que ambos vivieron intensamente. Sus disfraces, siempre reconocidos y destacados, se convirtieron durante años en una de las estampas habituales del Carnaval churriego.
La muerte de Sandalia supuso, por tanto, mucho más que la ausencia de una compañera. Fue la única vez en ocho décadas en la que Octavio decidió no participar en el Carnaval. Después, regresó a las calles y continuó manteniendo viva una pasión que había comenzado cuando apenas era un niño.
Una máscara callejera incluso cuando estaba prohibida
La relación de Octavio con el Carnaval comenzó siendo un niño. En una entrevista concedida a la Revista Ayer&Hoy en 2023, recordaba que empezó a salir de máscara callejera con 8 o 9 años, manteniendo esa tradición incluso durante los años en los que el Carnaval estaba prohibido.
Fue así uno de aquellos hombres que contribuyeron a mantener viva una tradición profundamente arraigada en Miguelturra en momentos especialmente difíciles. Para Octavio, la máscara callejera no era simplemente una forma de disfrazarse: era una manera de vivir el Carnaval, de relacionarse con los demás y de conservar una de las expresiones más genuinas de la identidad churriega.
A sus 93 años, cuando fue entrevistado por Ayer&Hoy, seguía defendiendo esa filosofía. «Mi Carnaval es alegre y libre«, explicaba, mientras reivindicaba el carácter popular y espontáneo de una celebración que conocía prácticamente desde sus orígenes.
«La máscara callejera no se puede perder«, afirmaba también en aquella conversación, convencido de que las nuevas generaciones debían recoger el testigo y conservar el legado.

Un nombre propio de la fiesta churriega
La trayectoria de Octavio estuvo vinculada a numerosos capítulos de la historia del Carnaval de Miguelturra. Fue fundador de la peña Los Segadores, participó durante años en diferentes actividades y tradiciones de la fiesta y mantuvo una estrecha relación con el Concurso de Fruta en Sartén, donde también era habitual su conocida limoná.
Pero si algo terminó identificando especialmente a Octavio fueron sus coplillas. Sus letras, cantares y composiciones, muchas de ellas cargadas de humor y de referencias a la actualidad y a la vida cotidiana del municipio, forman parte de la memoria carnavalera de varias generaciones de churriegos.
Su trayectoria también fue reconocida con el título de Máscara Mayor en 1986 y, décadas después, con el Alhiguí de Honor Local.
El Alhiguí de Honor Local reconoció toda una vida de Carnaval
En 2024, Octavio recibió el Alhiguí de Honor Local, una de las distinciones más importantes vinculadas al Carnaval de Miguelturra. El reconocimiento puso en valor su contribución durante décadas a la promoción, difusión y conservación de la fiesta, así como su conocimiento de la historia y evolución de la máscara callejera.
La entrega del galardón fue especialmente emotiva. Octavio lo recibió rodeado de familiares y amigos, vestido para la ocasión y demostrando, una vez más, que el paso del tiempo no había conseguido apagar su pasión por el Carnaval.
Un pueblo que nunca dejó de reconocerle
El cariño de Miguelturra hacia Octavio continuó hasta prácticamente sus últimos meses de vida. A finales de junio de este mismo año, la Asociación de Jubilados y Pensionistas de Miguelturra le rindió homenaje durante la clausura de su Semana Cultural. La presidenta de la asociación, María Emilia Llorca, le hizo entrega de una placa y destacó que era el «churriego más antiguo» de la asociación, además de definirlo como «un referente histórico, muy vinculado al carnaval y a Miguelturra». Octavio recibió aquel homenaje visiblemente emocionado, rodeado por sus compañeros.
También el Club de Lectura de la Universidad Popular quiso contar con él en la clausura del pasado curso. El taller había dedicado el curso a las coplillas del Carnaval, tanto de otros lugares, como Cádiz con sus chirigotas y comparsas, así como de Miguelturra, recuperando y compartiendo letras tradicionales. Es por ello que no dudaron en invitar precisamente a una de las personas que mejor representaban ese patrimonio cultural. La presencia de Octavio en aquella jornada simbolizaba la conexión entre la memoria viva del Carnaval y las nuevas generaciones encargadas de mantenerla.
El mural del Pradillo, un recuerdo que cobra ahora un nuevo significado
Pero quizá uno de los homenajes más especiales a Octavio llegó en un momento en el que el Carnaval no podía salir a las calles. En 2021, en un Carnaval marcado por la pandemia y por la imposibilidad de celebrar la fiesta en las calles, el Ayuntamiento y la Asociación de Peñas del Carnaval pusieron en marcha las ‘Paredes del Carnaval’, una iniciativa que buscaba mantener viva la esencia de la celebración a pesar de la suspensión de los actos habituales.
Se realizaron entonces tres murales con elementos representativos de la idiosincrasia del Carnaval miguelturreño, entre ellos la máscara callejera, el Alhiguí, los músicos de las charangas o la Cruz de Calatrava. La iniciativa contó con el trabajo de los artistas Gela López y Javi Ponsoda y pretendía, en palabras del entonces concejal de Festejos, Diego Rodríguez, «rendir homenaje a nuestro Carnaval».
Pero aquellas paredes quisieron rendir homenaje también a quienes han hecho posible que el Carnaval de Miguelturra haya llegado hasta nuestros días. Y entre esos nombres estaba Octavio Martín, cuyo rostro quedó plasmado en uno de los grafitis como reconocimiento a su condición de «emblema de la máscara callejera«. Así lo explicó entonces Rodríguez.
Aquel mural nació, paradójicamente, en un año sin Carnaval. Las calles permanecieron vacías de máscaras y disfraces, pero las paredes se encargaron de mantener presente una fiesta que aquel año tuvo que parar. Ahora, tras el fallecimiento de Octavio, aquel rostro pintado en las calles adquiere un significado diferente. Allí permanece la imagen de quien durante décadas encarnó como pocos la máscara callejera y la esencia más popular del Carnaval churriego. Una presencia que, a partir de ahora, permitirá que Octavio siga encontrándose con los vecinos cada vez que pasen por allí. Su Carnaval se ha convertido también en parte del paisaje de Miguelturra.
«No estoy por la labor de parar»
La personalidad de Octavio queda especialmente reflejada en sus propias palabras. En la entrevista publicada por Ayer&Hoy en 2023, cuando le preguntaban si a sus 93 años pensaba dejar de disfrazarse, su respuesta era contundente: «No estoy por la labor de parar«.
Reconocía que los años obligaban a adaptar el ritmo, pero aseguraba que mientras tuviera fuerzas y, sobre todo, conservara el sentido del humor, continuaría disfrutando del Carnaval. «Tengo fuerzas y humor, que es el que no quiero perder», afirmaba entonces. Y cumplió su palabra.
Octavio vivió el Carnaval cuando estaba prohibido, lo disfrutó durante décadas junto a Sandalia, guardó luto por ella en 2017 y volvió después a las calles para continuar haciendo aquello que había hecho prácticamente durante toda su vida.
Una familia y un legado que ya es parte de Miguelturra
Octavio deja a sus tres hijos, Josefa, Vicente y Estrella, además de familiares, amigos y generaciones de churriegos que compartieron con él innumerables momentos. Su recuerdo estará inevitablemente unido al de Sandalia, su compañera de vida y de Carnaval. Juntos protagonizaron durante años algunos de los disfraces más reconocidos de la fiesta, construyendo una imagen que forma parte ya del álbum sentimental del Carnaval de Miguelturra.
Ahora, cuando Miguelturra vuelva a celebrar su Carnaval, habrá una ausencia imposible de no notar. Pero también habrá una presencia que permanecerá. Estará en las coplillas que vuelvan a cantarse, en las máscaras callejeras que recorran las calles, en las historias que se cuenten sobre aquellos carnavales de antaño y, de manera especialmente simbólica, en el mural del Pradillo que desde 2021 guarda su imagen.
Porque Octavio Martín no sólo vivió el Carnaval de Miguelturra: ayudó a construir parte de lo que hoy significa. Y aunque este viernes se apague una de sus voces más reconocibles, su figura seguirá formando parte de la fiesta y de la memoria de un pueblo.
Descanse en paz, Octavio Martín.

