Dicen que todos los caminos conducen a Roma, pero el pasado domingo, 12 de abril, todos los caminos de Milán conducían a un solo hombre. No era un césar, aunque caminaba con la frente alta; no era un gladiador, aunque sus cuádriceps han visto más batallas que las legiones de Germania. Era Marcial González, nuestro primer Fondista de Miguelturra en lograr realizar una gran hazaña: correr su maratón número 75.
Para entender la magnitud de esta epopeya, hay que recordar que, de un tiempo a esta parte, el Imperio de Marcial estaba bajo asedio. No fueron los hunos ni los visigodos quienes amenazaban su estabilidad, sino unos bárbaros mucho más crueles: los problemas de salud. Su corazón, sus músculos rebeldes y, para rizar el rizo, un accidente doméstico que intentaron sitiar su voluntad. Cualquiera habría arriado las estandartes. Pero Marcial aguantó el cerco, reorganizó sus fuerzas y regresó.
Con estos antecedentes se presentó bajo el cielo de Milán en la línea de salida. No llevaba armadura de bronce, sino su camiseta del club de Miguelturra, su hogar, su pueblo, su patria. A su alrededor, jóvenes y mayores lo miraban sin saber que estaban ante un monumento vivo. No podría haber sido en otro lugar. Milán es una ciudad que sabe de poder, de gloria y de hombres que llegan desde lejos para escribir historia en sus calles. Y seguro que el pasado domingo los grandes hombres que duermen bajo esa tierra movieron un poco la cabeza y reconocieron a uno de los suyos.
Y comenzó la carrera, fue su paso del Rubicón personal. El Duomo, ese gigante de mármol blanco que lleva seis siglos mirando hacia el cielo, fue testigo. Las Gallerie Vittorio Emanuele, donde los milaneses pasean su distinción, fueron testigos. Hasta la Madonnina dorada en lo alto de la catedral torció levemente la cabeza para ver pasar a ese churriego que avanzaba con la determinación de alguien que tiene cuentas pendientes con el universo y está a punto de saldarlas todas de golpe. Convencido estoy que, si en alguna ocasión los fantasmas de sus lesiones le intentaron debilitar, Marcial les gritó con gesto de hombre cabreado y entre exabruptos varios «Veni, Vidi, Vici» que se escucharon hasta en el Coliseo.
Y, a pesar de unos últimos kilómetros sufridos, Marcial cruzó la meta de Milán haciendo un tiempo impresionante, 3 horas 40 minutos. Y los espectadores no vieron a un corredor exhausto; vieron una entrada triunfal. Setenta y cinco veces la misma promesa cumplida. Setenta y cinco veces ese instante donde el tiempo se dobla, el ruido desaparece y solo existe la línea pintada en el suelo y el cuerpo que la cruza. Porque después de tantos contratiempos Marcial llegó. Marcial siempre llega. Marcial lleva setenta y cinco veces desafiando la distancia de Filípides y cruzando a pie la línea más temida del mundo conocido: la meta de un maratón; algo que ya permanecerá para siempre porque 75 maratones no son una estadística; son un Imperio de voluntad. Que los dioses del Capitolio, los del Olimpo y los que custodian los avituallamientos tengan a bien seguir protegiendo a este hombre en sus próximas gestas. Y que llegue siempre. Que siempre llegue.
¡Ave, Marcial! Los que van a correr te saludan, le gritaba el gentío, mientras él respondía: ¡Esto es orgullo churriego! Al final del día, mientras la silueta de Marcial se perdía en el aeropuerto en busca de su avión, su aura permanecía aún en la ciudad lombarda al mismo tiempo que, de fondo, sonaba una canción italiana, Eroi de Fiorella Mannoia, cuyos versos parecían haber sido escritos para nuestro héroe fondista: «A quien sueña y lucha cada día… A quien lo imposible convierte en cierto con una esperanza hasta en mar abierto. Quien afronta él solo su propia batalla… Y se levanta del fondo sabiendo que el mundo hay que enfrentarlo con todo tu orgullo… A quien halla un diamante en un trozo de hielo, un camino en el cielo. A quien resiste los momentos más duros… Viendo horizontes más allá de los muros… Son personas que se encuentran… Y su vida dan entera. Héroes a su manera que no se rinden fácilmente a la primera. Sí, son héroes a su manera«.